martes, 1 de diciembre de 2015

CIENCIAS NATURALES


Las Razas Humanas

(Sexta Parte)


M.F. Niesturj


De aquí se deduce que las razas humanas en los estadios de la gente primi­tiva y neanderthalenses aún estaban sometidas a la influencia formativa de la selección natural, a pesar de que ésta ya no representaba el factor principal sino el subordinado. Su acción se combinaba con la influencia de los factores social-económicos cualitativamente nuevos y disminuía en dependencia de la creciente influencia de los mismos.

En este sentido el surgimiento y desarrollo de las razas humanas contemporá­neas se distinguen del transcurso de la razogénesis en la época del paleolítico inferior. En la última etapa de la antropogenia las particularidades raciales co­menzaron a componerse en complejos de rasgos, sólo en parte adaptables; la selección natural dejó de jugar el papel de factor en la evolución de la humanidad. Al mismo tiempo, la mutabilidad de la herencia se reforzó y se complicó. Eso se puede admitir, basándose en que en ciertas regiones de la ecumene, en los gru­pos de los tipos antropológicos surgieron nuevas particularidades bajo la influen­cia conjunta de los diferentes factores naturales y también social-económicos. En el proceso gigantesco de las distintas mezclas entre grupos, aparecían constantemente nuevas combinaciones de rasgos antropológicos y la misma mezcla aflo­jaba a la herencia, que, en su lugar, favorecía la mutabilidad. Sin duda, los com­plejos génicos se modificaban también durante el aislamiento y en otros casos.

En las etapas más tardías del estado superior de la antigua Edad de Piedra, es decir, del paleolítico superior, las condiciones naturales, a consecuencia del desarrollo más alto de la sociedad de los de Cro-Magnon y otros hombres fósiles del tipo contemporáneo, influían sobre el hombre no tan fuertemente como an­tes; éstas se refractaban a través del medio social mucho más poderoso. Los tipos raciales se formaban dependiendo cada vez menos del medio exterior y se carac­terizaban relativa y absolutamente por la adaptación más débil de sus rasgos.

Mezcla (mestización). Como ejemplo brillante de la influencia del trans­curso social-económico del desarrollo de la humanidad sobre sus razas puede ser­vir el proceso de su mezcla, que se inicia de antaño y hoy día tiene enormes es­calas. Los múltiples ejemplos de la formación de los pueblos y tribus mezclados se encuentran en América, Africa, Asia y Australia. Así, México, con una pobla­ción de cerca de 36 millones, el 60% lo constituyen los mestizos de matrimonios entre indios y europeos, y en Colombia, con unos 15 millones de habitantes, cer­ca del 40%.

La mezcla de los representantes de diferentes razas se efectúa muy fácil, sin ningunas barreras anatomofisiológicas. Los mestizos resultan no sólo comple­tamente sanos, sino que dan una descendencia normal. Se conocen numerosos mestizos entre europeos y negros, negros y chinos, europeos y japoneses, indios y europeos, europeos y australianos. Están descritos los mestizos triples y aun los mestizos más complejos entre negros, europeos e indios en América del Sur.

Como resultado de la mezcla prolongada, en las regiones de contactos de las grandes razas, se formaron grupos intermedios de contacto. En calidad de ejem­plo se puede citar el grupo uralense (representantes de una parte de mansí y jantos). Este se formó en el proceso de la mezcla de europeoides y mongoloides. Aquí mismo se incluyen los loparí y mari. Por lo menos, la mitad de la humanidad está mezclada con bastante intensidad en el sentido racial.

La mestización sin obstáculos de las razas humanas que se propaga sobre los círculos cada vez más amplios de la humanidad demuestra la unidad de su origen y desenmascara la inconsistencia científica de las teorías racistas, que niegan el parentesco carnal de las diferentes razas.

Durante la mezcla de las razas la mayoría de los rasgos, según los antropó­logos, tienen un carácter intermediario. Además, con el transcurso del tiempo se componen grupos estables de tipos antropológicos que han recibido el nombre de contacto.

La mestización se lleva a cabo, con gran frecuencia, puesto que algún grupo, debido al desarrollo social-económico más rápido, se reproduce intensamente y propagándose hace posible que los grupos vecinos vengan a formar parte de su composición.

Todo lo dicho sobre la influencia del factor de la mezcla demuestra que las razas humanas no representan por sí estadios de transformación en la especie. Apenas originándose, éstas se mezclan con las otras. En el pasado más lejano algunas razas tenían, posiblemente, un desarrollo más completo. Pero ya en aquel entonces, las influencias social-económicas, a pesar de ser más débiles, en compa­ración con las épocas más tardías, modificaban el proceso de formación de las razas, nivelaban algunas diferencias raciales y sus complejos y reforzaban las otras. Con eso, en parte, se explica que las razas se representan más o menos ais­ladas. Además de eso, el aislamiento de las razas depende del mayor o menor grado de su incorporación a la mestización.

El proceso de mestización iniciado ya en el paleolítico superior y cada vez más reforzante a lo largo de los últimos milenios, llevaba y lleva, al aumento progresivo de la cantidad de los grupos intermediarios y a la unidad reiterada, más y más estrecha del tipo corporal de la humanidad y sus razas. De tal mane­ra, el factor de la mezcla ya pierde su importancia para la diferenciación de las razas.

Junto con eso, ciertos grupos de tipos antropológicos, como por ejemplo, el ártico (esquimal), pigmeo y australiano, durante largo tiempo se encontraban en condiciones de aislamiento, que conducía al reforzamiento de las propiedades raciales características de éstos. Pero durante las últimas centenas de años, in­cluso estos grupos, comparativamente aislados, perdieron su así llamada "pu­reza racial", y al presente ya no existen "razas puras". El mito de la "raza pura" es invento de los racistas que contradice a los datos científicos. De todas maneras, el grado de la "pureza racial" o de la mezcla de los pueblos nunca jugó, y no juega, papel alguno en su desarrollo social-económico y cultural.

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